miércoles, 18 de febrero de 2009

el gafe de la literatura horacio quiroga




Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) Ocupación escritor Nacionalidad Uruguaya Género cuentista, dramaturgo y poeta Movimientos Naturalista y modernista Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) nació en Uruguay en 1878, recibió su educación en el Instituto Politécnico de Salto, su ciudad natal, pero pasó la mayor parte de su vida en la Argentina, donde escribió las mejores páginas de su obra. En la década de 1890, alternó la escritura de sus primeros versos con la ávida lectura de autores como Edgar Allan Poe, Kipling y Chejov, quienes influyeron en el estilo llano, sin ornamentaciones, que caracterizó sus cuentos. En 1899, fundó la Revista de Salto, que publicó 20 números. Poco después irrumpió en el ambiente cultural como un narrador excelente. El cuentista que "no dice algo", que nos hace perder el tiempo, que lo pierde él mismo en divagaciones superfluas, puede verse a uno y otro lado buscando otra vocación. Ese hombre no ha nacido cuentista. H oracio Quiroga se sitúa en la serie de autores desde los cuentistas árabes a él mismo, pasando por sus maestros: Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov La escritura en la narrativa de Horacio Quiroga viene regida por un doble principio de economía y de eficacia. La economía funciona ya en el plano anecdótico en la simplicidad del argumento: no hay historias complejas, no hay anécdotas inútiles, o episodios gratuitos. Los personajes son generalmente de rasgos firmes, sobriamente caracterizados, muchas veces aparecen esquemáticos, construidos en función de la historia a la que pertenecen y del simbolismo que les incumbe. Las descripciones son breves, reducidas a los rasgos funcionales: la caracterización se hace esencialmente a través de la acción. El espacio es a menudo el elemento más desarrollado pero, sin embargo, las descripciones no son ornamentales: contribuyen a la definición del ambiente, completan o acentúan el simbolismo de una situación o de un personaje, anuncian o prefiguran un acontecimiento dramático. También el sistema de los personajes es tajantemente reducido: un solo personaje presente y dos personajes -o grupos- aludidos.
Entre 1910 y 1916, Quiroga vivió en San Ignacio, Misiones, donde construyó una casa. Rodeado por la espesura, en la que se adentraba para descubrir sus secretos, escribió la mayoría de sus cuentos. La selva misionera tuvo una relación directa con la vida del autor que vivió largos períodos de su vida en Iviraromí, cerca de las ruinas jesuíticas. El saber sobre un territorio, saber por experiencia, de una zona de frontera a la que sus lectores de la ciudad no tenían acceso, fue en su tiempo, una marca de estilo de escritor. La importancia del campo temático de la selva en la obra de Quiroga no se explica tan sólo por su importancia en su vida: en realidad convendría invertir los términos. El encuentro de Horacio Quiroga con la selva cristaliza fuerzas y tensiones interiores que pre-existían, como lo muestran claramente su producción literaria anterior, y, sobre todo, algunos episodios de su vida anterior. Horacio Quiroga, al menos el personaje que hoy conocemos a través de su obra y de sus biógrafos, es una de esas figuras literarias en las que la vida y la obra se armonizan. Y no sólo en el plano anecdótico, sino también en el plano del funcionamiento interno del proceso vital y del proceso literario, y de la intensidad de la experiencia que se desarrolla en ambos campos. No se trata de un hombre que proyecta sus fantasías y obsesiones en la ficción que produce, se podría decir más bien que realiza sus fantasías en dos registros diferentes, pero íntimamente conectados: el de la experiencia vivencial y el de la producción literaria La lucha del hombre contra la naturaleza reúne los cuentos que deben su tensión a un estado crítico del conflicto permanente entre una naturaleza peligrosa, excesiva, y un hombre de escasas fuerzas pero indómita voluntad. La mayoría de las veces, el hombre desafía la naturaleza no por necesidad, sino por una inexplicable locura. Las fuerzas en presencia no tienen común medida: por una parte el sol aplastante, el huracán desenfrenado, los ríos en creciente, las fiebres alucinatorias, las víboras de colmillos asesinos, las hormigas carnívoras, los piques venenosos; por otra parte un hombre que tiene que remar durante horas contra la corriente para encontrar el primer socorro, que tiene que trabajar desde que sale el sol hasta que se pone para arrancar a una tierra ingrata el alimento y el agua potable. La muerte: Tuvo una presencia continua en la vida de Quiroga, quien trasladó a varios de sus cuentos un profundo sentimiento trágico. Ya en su juventud padeció las violentas pérdidas de su padre, en un accidente de caza, de su padrastro (quien se suicidó delante suyo luego de sufrir una parálisis cerebral) y la de uno de sus mejores amigos, a quien mató accidentalmente mientras manipulaba un arma. También por entonces, perdió a dos de sus hermanos. Entre todas las formas posibles, la más fascinante es quizás la autodestrucción: disimuladamente presente en la sumisión dolorosa de Alicia que acepta la caricia mortal de la bestia en “El almohadón de pluma”, absurda en el accidente del hombre clavado en su propio machete en “El hombre muerto”, liberadora de la presión paterna en “Más allá”. Ana María Gires (primera esposa de Quiroga, con la cual se casa en el año 1910, agoniza ocho días después de haberse envenenado. María Elena Bravo, su segunda esposa, 30 años menor que el escritor, lo abandonó en medio de su selva, llevándose a su pequeña hija "Pitoca". En 1936 debió internarse por un dolor de estómago, cinco meses después, un médico le dijo que tenía cáncer. El 19 de febrero de 1937, no dijo ni una palabra, salió a dar una vuelta por la ciudad y esa misma medianoche se suicidó con cianuro. La tragedia siguió rondando la historia de Horacio Quiroga, ya que un año después de su suicidio, Leopoldo Lugones, quien fuera un personaje relevante en la vida del escritor y quien lo llevara a la selva, tomó ese mismo camino, al igual que la íntima amiga de ambos ,Alfonsina Storni También su hija Eglé, nacida en Misiones, en el año 1911, se quitaría la vida un año después de su muerte (1937).Y Darío Quiroga, su hijo, se mataría en 1952.






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