miércoles, 2 de marzo de 2011

El Manuscrito Voynich

El Manuscrito Voynich

El Manuscrito Voynich es el libro más misterioso de la historia de la Humanidad. Escrito entre los siglos XV y XVI, se lo vio por última vez en 1666. Luego desapareció, para ser redescubierto recién en el siglo XX.

El libro está escrito en un código incomprensible que nunca ha podido ser descifrado. Sus folios de pergamino están cubiertos de cientos y cientos de ilustraciones de mujeres desnudas, plantas y constelaciones. Los vegetales que muestran no existen en la naturaleza, y la mayoría de los diagramas astronómicos son también desconocidos.

En 1572 Rodolfo fue coronado rey de Hungría, más tarde subió al trono de Bohemia, y en 1575 fue nombrado rey de Alemania. Por último, en 1576, a la muerte de su padre, fue coronado Emperador romano con el nombre de Rodolfo II.

El reinado de Rodolfo II es importante en la historia y en la ciencia por varios motivos, tanto encomiosos como negativos. Se lo recuerda, por ejemplo, como el soberano que no supo impedir las guerras religiosas y a quien se le fue de las manos el conflicto que culminaría conociéndose como Guerra de los Treinta Años.

Inversamente, la ciencia lo recuerda con respeto y agradecimiento, ya que fue este soberano quien ejerció el mecenazgo sobre Tycho Brahe y Johannes Kepler, y todos los historiadores de la ciencia están de acuerdo en que ninguno de ellos hubiese logrado lo que logró sin el apoyo político y económico de Rodolfo II.

Con una larga historia hereditaria de demencia y antecedentes de depresión y tendencia a la excentricidad, la salud del monarca fue decayendo sensiblemente hasta morir, casi loco y totalmente recluido en su palacio de Praga, en enero de 1612.

Durante toda su vida, Rodolfo II se interesó por la magia, la alquimia, la brujería y los objetos y libros extraños. Su mansión de Praga se convirtió en el centro de reunión no sólo de astrónomos y científicos serios como Tycho y Kepler, sino también de religiosos como Giordano Bruno (luego quemado por hereje), magos negros como John Dee y mistificadores, aventureros y falsarios como Edward Keller

Se dice que la colección de textos que reunió sobre esos temas era soberbia, y aquí entra el Sacro Emperador en nuestra historia del Manuscrito Voynich.

El hombre por cuyo apellido iba a conocerse todo este asunto para la posteridad nació mucho después, el 31 de octubre de 1865 en Kaunas, Lituania, bajo el complicado nombre de Wilfryd Michal Habdank-Wojnicz. "Habdank" es el nombre de un clan heráldico polaco, ascendencia que nuestro héroe compartía, pero, dada la dificultad de la gente para pronunciarlo, pronto lo abandonó.

Químico y farmacéutico, estudió en las Universidades de Varsovia y San Petersburgo, doctorándose en su especialidad por la Universidad de Moscú. Acosado por problemas políticos fue encarcelado, y en 1885 fue deportado a Siberia. huyó a Alemania y se escondió en Hamburgo

Luego en Londres se casó y pasaba su tiempo escribiendo y enviando a Rusia literatura revolucionaria y traduciendo al inglés las obras de Marx y Engels.


Wojnicz (que a esta alturas había anglicanizado su nombre y ya firmaba "Voynich"), comenzó a interesarse por los libros, manuscritos y catálogos antiguos. En esta tarea prosperó, y pronto estableció un importante comercio de libros raros en Soho Square N° 1, Londres, a donde acudían todos los coleccionistas deseosos de adquirir un ejemplar largamente soñado.

En 1912, Voynich viajó a Italia por segunda vez: ya había estado en ese país en 1898. En ese segundo viaje, totalmente dedicado a la adquisición de volúmenes antiguos para su negocio, recaló en la biblioteca del Colegio Jesuita de Villa Mondragone en Frascati, una población cercana a Roma.

Revisando un arcón que contenía los libros que los curas deseaban vender, le llamó la atención un volumen en cuarto escrito en unos extraños caracteres que Voynich no pudo identificar.

Pasando las hojas del manuscrito, observó que la mayoría de ellas estaban ilustradas con dibujos de diversas plantas, estrellas y figuras humanas, ninfas o mujeres desnudas.



Para colmo de las sorpresas, entre las páginas del libro Voynich halló una antigua carta en latín, fechada en 1666.

Los sacerdotes se mostraron de acuerdo en vender a Voynich el manuscrito y su carta, y éste los llevó a su negocio londinense. Confundido por los extraños símbolos que cubrían las páginas, Voynich fotografió cada una de ellas por el anverso y el reverso (son en total 246), y envió las copias a los más reputados lingüistas de su tiempo: ninguno de ellos fue capaz de identificar la lengua, como tampoco el juego de caracteres con el que el libro está escrito. Era sólo el comienzo de una de las historias más increíbles y uno de los enigmas más sorprendentes de la historia de la ciencia humana.

El Manuscrito Voynich es bastante pequeño: sus páginas miden apenas 15 por 22 cm. Sus páginas son de vitela, una especie de pergamino hecho de cuero de cordero muy trabajado y fino, y todo el libro ha sido escrito por la misma mano. Contiene más de 40.000 palabras y la mayoría de las páginas incluye ilustraciones. Solamente 33 de sus páginas son sólo texto.

No tiene título, fecha ni indicación del autor. No está tampoco dividido en secciones ni capítulos pero, en base a la naturaleza de las ilustraciones, los expertos lo han dividido tentativamente en cinco partes, denominadas Herborística, Astronómica, Biológica, Farmacéutica y Recetario, esta división puede ser totalmente errónea, por el hecho de que, desde el momento en que no se comprenden los textos, está basada exclusivamente en las ilustraciones. Muy bien la sección de astronomía pudiera tratar sobre historia de la hidráulica y la de herboristería contar una novela burlesca



La sección herborística ocupa más o menos la mitad del manuscrito (u

nas 130 páginas). En cada página hay normalmente el dibujo de una planta, acompañada de una breve ¿descripción? de la misma. En algunos pocos casos se describen dos ejemplares en una misma página. Las ilustraciones, por supuesto, llevan casi un siglo sometidas al análisis de los botánicos y biólogos. La previsible pero no menos sorprendente conclusión es que la inmensa mayoría de ellas corresponde a plantas que no existen ni han existido nunca, o, dicho en otras palabras, a especies que no pueden ser identificadas por ningún botánico del mundo.

Esta norma, por cierto, tiene unas pocas excepciones: por ejemplo, la hoja dibujada en la página 42 vuelta pertenece a Rumex acetosa, una hortaliza que se come como hoja verde en ensalada. Se trata de la conocida "acedera", de sabor ligeramente amargo (de allí su nombre latino). Junto al dibujo de la acedera puede verse, en la misma página, una imagen más pequeña de una hoja perteneciente a una especie del género Oxalis Linneo. Lo único que ambas plantas tienen en común es el gusto amargo debido a que ambas contienen ácido oxálico, que en grandes dosis es sumamente tóxico. ¿Por qué figuran en el libro? Misterio . En la página 100 hay un dibujo de una planta que, dado el parecido, ha sido identificada por el botánico O´Neill como Botrychium lunaria Swartz. Su nombre común es "lunaria menor", y desde antiguo se la conoce como astringente y antidiarreica.
En la sección "astronómica" encontramos dibujos de soles, de lunas y de estrellas, y algunas páginas muestran también símbolos astrológicos.
a sección biológica muestra enormes cantidades de dibujos de mujeres desnudas, casi todas bañándose en cisternas o piletas interconectadas por lo que parecen ser complejas instalaciones de plomería, con caños, sifones, derivaciones, etc. Una interpretación bastante lógica estima que estas conducciones de agua representan, en sentido figurado, a los vasos sanguíneos, el sistema cardiocirculatorio, el aparato digestivo y los órganos reproductivos.
La parte "farmacéutica" continúa con los dibujos de plantas y se ven numerosos frascos con etiquetas. Por último, la sección llamada Recetario consiste en breves párrafos, cada uno indicado con una estrella en el margen izquierdo

Muy clara es la semejanza del Manuscrito Voynich con un manual medieval de alquimia o magia: a pesar de que el idioma y los caracteres son desconocidos, muchas de las ilustraciones están relacionadas con símbolos y encantamientos utilizados en textos alquímicos perfectamente estudiados. Un manuscrito bizantino del siglo IX contiene un dibujo de una ninfa en el interior de un círculo con signos del zodíaco que es prácticamente idéntico a una imagen del Voynich, incluyendo la postura de la figura femenina (a pesar de que el otro texto ha sido realizado con una técnica, unas herramientas y materiales completamente diferentes del Voynich).

La fecha de composición del manuscrito es también bastante fácil de establecer. Ciertos aspectos de los caracteres definen a la caligrafía utilizada como "cursiva humanista", un estilo de escritura que estuvo en boga en Europa durante un par de décadas del siglo XV. Por añadidura, el estilo de los peinados que llevan las figuras femeninas es exactamente el de los que se utilizaron entre 1480 y 1520. No hay duda al respecto.

al momento de ser redescubierto por Voynich en 1912, el extraño libro guardaba entre sus páginas una carta. Sin embargo, no es la primera que se escribió sobre el Manuscrito. Hubo otras tres, y, curiosamente, las cuatro estaban dirigidas al mismo hombre: Athanasius Kircher.se conservan 3 de ellas.

Científico, matemático e inventor, Kircher desarrolló un instrumento para medir el campo magnético terrestre , un eficiente anemómetro, y diversos tipos de relojes solares. Fue astrónomo, geógrafo, sismólogo y vulcanólogo, y lingüista experto en idiomas orientales. Tanto, que fue el primero en traducir el texto alquímico La Tabla Esmeralda del árabe al latín. Fue experto en antigüedades egipcias y reputado descifrador de jeroglíficos, disciplinas ambas sobre las que escribió varios libros.

Fue el primer lingüista en comprender que el copto era una lengua derivada del egipcio antiguo, y fue comisionado por el Papa para traducir los textos de un obelisco egipcio que se llevó a Roma. Hallada la Piedra de Rosetta varios siglos más tarde, y traducida la lengua egipcia por Jean-Francois Champollion, hoy se sabe que la traducción de Kircher estaba completamente errada, pero en su tiempo, su reputación de lingüista y orientalista llegaba al punto de llamarlo universalmente "el hombre capaz de leer cualquier texto".

Es a causa de ello que uno de los primeros propietarios del Manuscrito Voynich, Georg Baresch, pensó en Kircher como el único hombre capaz de interpretar sus extraños caracteres. Así, Baresch le escribió una carta en 1637, en la que le pedía estudiara el texto y tratara de hallar una solución al problema. Esta primera carta se ha perdido, y no parece que Kircher le haya dado mucha importancia, porque tampoco se halla una respuesta.

Baresch volvió a escribir al erudito dos años más tarde. Esta segunda carta sí se conserva

Voynich encontró otra carta. La misma, por cierto, también está dirigida a Kircher y está fechada en 1666 el autor de la misiva es Johannes Marcus Marci de Cronland, rector de la Universidad de Praga. Sabemos (porque se conserva) que Marci también había escrito una carta anterior a Kircher sobre el mismo asunto

Tantas cartas al mismo hombre sobre el mismo tema nos llevan a conjeturar que Kircher era perfectamente consciente de que no podía ni podría descifrar el manuscrito y que, siendo una celebridad científica y lingüística mundialmente respetada, tenía vergüenza de responder a sus corresponsales diciéndoles que el asunto superaba su conocimiento. En consecuencia, hizo lo único que podía hacer sin sacrificar su orgullo: guardó silencio y jamás le contestó a nadie.

Pero la segunda carta de Marci, la que Voynich encontró dentro del Manuscrito, es especial porque aporta, por primera vez, elementos internos de la historia del libro e, incluso, ensaya una hipótesis acerca del autor de la extraordinaria obra. El original se encuentra en la Biblioteca Beinecke, está escrito en un latín muy culto y ha sido traducido al inglés por John Tiltman. -"Reverendo y distinguido Maestro, Padre en Cristo: este libro, que heredé de un íntimo amigo, estuvo destinado a ti desde que llegó a mis manos, mi muy querido Athanasius, porque estoy convencido de que nadie más que tú será capaz de leerlo"

Marci continúa diciendo: "El propietario anterior de este libro (a quien, aunque Marci no nombra, se trata de Georg Baresch) pidió una vez tu opinión por carta (error: la pidió dos veces, sin obtener respuesta), copiando y enviándote un extracto del libro, del cual pensaba que serías capaz de leer el resto, pero en ese momento no quiso enviarte el libro en sí".

Dos párrafos más abajo, Marci revela a Kircher algunos datos trascendentales. Dice textualmente: : "El profesor de lengua bohemia de Fernando III, entonces rey de Bohemia, el Señor Doctor Rafael, me ha contado que el antedicho libro perteneció al Emperador Rodolfo (se refiere a Rodolfo II de Bohemia), que pagó por el libro a su poseedor la cantidad de 600 ducados. Él (no está muy claro si se refiere a Rodolfo, al desconocido que se lo vendió, al tal Rafael o a Baresch) creía que el autor era el inglés Roger Bacon".

La carta Marci es la pieza de información que enlaza, entonces, al Manuscrito Voynich con Rodolfo II, introduciendo además en el ya de por sí complicado asunto al sacerdote franciscano del siglo XIII, monje, matemático, filósofo y alquimista inglés Roger Bacon.

Y tiene sentido, porque fue Bacon quien permanentemente preconizaba en sus trabajos que los conocimientos científicos no estaban destinados al público en general, sino que los sabios harían muy bien en publicar los libros en códigos cifrados.

Desde que Rodolfo II se lo cedió (¿vendió?) a Baresch y desde que éste se lo heredó a Marci, perdemos su rastro durante la friolera de 246 años, hasta que Voynich lo redescubre en el monasterio jesuita. ¿Cómo llegó el manuscrito hasta allí?

Una vez en Londres, el manuscrito permaneció en manos de Voynich hasta la muerte del librero.

Ethel Boole Voynich, su viuda, aparentemente lo vendió. Esto resulta extraño, porque la fecha que se maneja es 1961, pocos meses antes del fallecimiento de la dama. Si el matrimonio había conservado celosamente el documento durante casi medio siglo ¿qué sentido puede tener venderlo poco antes de morir? Se trata de otro de los misterios inexplicables en la incomprensible historia del libro.

Como sea, el Manuscrito Voynich aparece posteriormente en manos del experto en libros antiguos H.P Kraus, de nacionalidad norteamericana. Kraus manifestó haber pagado por él a Ethel Voynich la suma de 24.500 dólares, con la intención de revenderlo por una cantidad superior.


El primer intento serio de decodificarlo llegó en 1921, de la mano del Profesor Newbold de la Universidad de Pennsylvania. Newbold observó que en cada caracter había unos trazos misteriosos, tan pequeños que sólo podían ser vistos con lupas muy potentes. Creyó identificar esos trazos como caracteres griegos, y concluyó que había un subtexto griego oculto por los caracteres desconocidos. Por razones no muy bien aclaradas, Newbold afirmó que el texto griego microscópico era el verdadero contenido del Manuscrito Voynich, que databa del siglo XIII y que su autor era Roger Bacon. Estos dos últimos asertos siguen obviamente la carta de Marci, pero lo de las letritas griegas fue desestimado científicamente menos de una década más tarde. Lo que el académico creyó que eran "trazos griegos" no son más, en realidad, que grietas microscópicas en la capa de tinta de los caracteres, provocados por el mero paso de los siglos.
Los fracasos continuaron. En 1940 Joseph M. Feely y Leonell C. Strong, ambos criptógrafos aficionados, intentaron aplicar una técnica llamada "cifrado de sustitución", que no es más que asignar a cada caracter del texto una letra del alfabeto latino. Es la simple técnica utilizada en "El escarabajo de oro", de Poe. Según ellos, lograron traducir todo el manuscrito, salvo que... el resultado no tenía ningún sentido.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el equipo de criptógrafos que rompió el código de la Armada Imperial Japonesa pasó bastante tiempo descifrando textos antiguos encriptados. Tuvieron éxito con todos menos con el Voynich.
En 1978 el filólogo aficionado John Stokjo aseguró que el texto estaba escrito en ucraniano pero sin las vocales. Su traducción, desafortunadamente, no se correspondía con las ilustraciones ni tenía que ver con la historia de Ucrania. Contenía frases tan "claras" como "La Vacuidad es aquello por lo que lucha el Ojo de un Dios Bebé" (¿?)
Un médico llamado Leo Levitov afirmó en 1987 que el documento había sido escrito por los cátaros, secta herética que floreció en la Francia Medieval, y que estaba escrito en una mezcla de palabras de varios idiomas. La traducción de Levitov, sin embargo, entraba en franca contradicción con la teología cátara, que se encuentra perfectamente documentada.

El más serio de los intentos recientes, y posiblemente el único que ha aplicado un razonamiento abarcativo, inteligente y creativo, es el del doctor Gordon Rugg, que comenzó a interesarse en el Manuscrito Voynich alrededor del año 2000. Lo interesante es, como se apuntó al principio, que Rugg no es filólogo, lingüista ni historiador, sino médico y psicólogo, recibido en la Universidad de Reading en Inglaterra en 1987.
Rugg comienza especulando acerca de que el fracaso de los intentos de decodificar el libro puede significar que tal vez no haya ningún código que descifrar: después de todo, el manuscrito muy bien puede no contener mensaje alguno, siendo tan sólo el fruto de una elaborada broma.

Los críticos de esta hipótesis han argumentado que el voynichés es demasiado complejo para no tener sentido. ¿Cómo podría un bromista medieval producir 230 páginas de un texto con tantas sutiles regularidades en la estructura y la distribución de las palabras?

hay un rumor de que un aventurero inglés llamado Edward Kelley habría pergeñado todo el asunto para defraudar al crédulo Rodolfo II, ya que se dice que el emperador pagó la suma de 600 ducados por el libro —algo así como 50.000 dólares de hoy".

Pero suponiendo por un momento que el manuscrito no es un engaño ni está escrito en código. La tercera posibilidad sería: ¿podría corresponder a un idioma desconocido?

Rugg responde a esta pregunta de la forma siguiente: "A pesar de que no podemos descifrarlo, sí sabemos que el texto muestra una desacostumbradamente alta tasa de regularidad. Por ejemplo, las palabras más comunes a menudo aparecen dos o más veces por renglón.

Este grado de redundancia no se encuentra en ningún lenguaje conocido. En sentido contrario, el voynichés contiene muy pocas frases donde dos o tres palabras diferentes aparezcan juntas. Estas características hacen muy improbable que el voynichés sea una lengua humana: sencillamente, es demasiado diferente de todos los demás idiomas conocidos".

La posibilidad de que el manuscrito sea sólo un muy bien tramado engaño con intencionalidad económica o, sencillamente, los delirios de un alquimista loco esta en discusión. "La complejidad lingüística del texto parece argumentar en contra de esta teoría", afirma Rugg. "Además de la repetición de palabras, hay numerosas regularidades en la estructura interna de los vocablos.

Un método simple de ´elegir y mezclar´ que combinase las sílabas al azar nunca podría producir un texto con tal grado de regularidades. El voynichés es, asimismo, mucho más complejo que el discurso patológico observado en pacientes con daños cerebrales o desórdenes psicológicos. Incluso si un alquimista loco diseñó una gramática para una lengua inventada por él, y se pasó luego años y años escribiendo un manuscrito que empleara esa gramática, el texto resultante no presentaría las características estadísticas que encontramos en el Voynich".

Quedaba por probar el tiempo que se tardaría para escribir un libro como el Manuscrito Voynich. Uno de los argumentos utilizados y socorridos por los ocultistas para desestimar la teoría del fraude siempre fue, precisamente, que un falsificador medieval hubiera tardado años o décadas en completar un manuscrito tan complejo y elaborado. Nunca nadie se había puesto a cronometrar un intento serio.

Mientras tanto, el volumen causante de toda esta investigación y tantos desvelos duerme hoy en una vitrina. Pasaron por el misterio, a los largo de 500 años, las figuras de Rodolfo II, Roger Bacon, Voynich, John Dee, Kircher, Kraus, Marci, Kelley, Baresch, y los investigadores modernos Stolfi, Cardano, Joanne Hyde, Aylward y el propio Rugg. Todos ellos estuvieron presentes

En 1969, harto ya de intentar venderlo, H.P Kraus donó el Manuscrito Voynich a la Universidad de Yale, la que lo archivó, junto con la Carta Marci, en su Biblioteca Beinecke de Libros Raros.

Allí sigue, rotulado con el número de catálogo MS 408, junto a la carta de Marci (MS 408A).

Dicen los que lo han visto que parece sonreír y guardar silencio, como si supiera un secreto que no somos ni seremos capaces de develar.

viernes, 25 de febrero de 2011

Assange-Marcola...

Ocurrió, una vez más, la inversión del efecto mariposa. Un tsunami en el Pacífico Sur provoca el vuelo de una mariposa en Toronto. El caso Wikileaks muestra otra de las infinitas piezas de la infinita nada de la cultura contemporánea.

es la forma en la que está hecho el mundo hoy. Siempre caemos en la misma trampa. Una complicada trama internacional de redes, medios, espías, diplomacia, secretos, extorsiones. La nube crece hasta alcanzar una dimensión y una densidad aterradoras. Hay hackers, hay cientos de miles de documentos secretos, hay operaciones de espionaje del departamento de Estado norteamericano a través de las embajadas, hay extorsiones y amenazas, se esperan (se anuncian, se profetizan) crisis de la diplomacia internacional y sabotajes informáticos a gran escala. Pero hay una falla en toda esta enorme formación: sólo aparece plegada o plegándose sobre sí misma: conforme se arma, ya ha comenzado a deshilacharse y a perderse en la misma nada de la que ha surgido.

Así y todo, parecería que por un instante glorioso y unánime se levanta algo con la forma de una amenaza total. Cierto desbalance de la estructura nos vuelve milenaristas ansiosos y entusiastas, pues parece apuntar al fin de algo, quizas a la clausura definitiva de una era (y quizás, también quizás, quién sabe, al germen de algo nuevo). Fin de la era del periodismo, fin de la era de la diplomacia, fin de la era de la opinión pública, de la era liberal burguesa, de la era de la política y la ideología. Nos pasamos la vida esperando la venida gloriosa de Julian Assange, un hacker heroico y valiente que le inyecte al mundo liberal indiferente de la información una sobredosis caliente y letal de sí mismo. Y en este momento exacto estamos esperando que colapsen las bolsas de la información internacional y que el imaginario espeso de las redes y los informativos se hunda en una rápida y devastadora reacción en cadena: ese mundo surgió de la nada, de nada era y a la nada debe volver.

Julian Assange es un prolijo Marcola digital del Primer Mundo, es la promesa trascendente de un terrorismo global nacido del propio metabolismo del capitalismo mediático —y hasta de su costado más sucio, se diría: registros, filmes, cámaras ocultas, secretos, extorsiones, sobornos, infamias. Su figura, como la de Marcola, habla del deseo milenarista y lo construye.

Ese es el clamor urgente de las voces que simpatizan con la agramaticalidad inherente de la información y la comunicación contra la organización burguesa, clásica o iluminista de la idea. Una esperanza atolondrada depositada en la nueva aluvionalidad del mundo informacional contra la jerarquización de la verdad.

Pero si entendemos el adjetivo “burgués” en un sentido literario culturalista (educación, ideología, política, derecho, periodistas, intelectuales, cuadros cultos y literarios) y no, clásicamente, como “propietarios de los medios de producción”, hay que resignarse definitivamente al hecho indeleble de que el capitalismo global contemporáneo ya no es en absoluto “burgués”, que ya se divorció hace rato de los viejos temas burgueses del sujeto, la ley, la verdad, la escritura y la novela. Y, quizás, estos viejos temas burgueses, sean, hoy, otra vez, revolucionarios. O quizas sean, por lo menos, la forma de una resistencia lúcida y justa.

Entrevista al narcocapo "Marcola"

O Globo

Sábado, 15 de enero de 2011

Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son

lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en

tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo

Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola, es el máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC).

Las respuestas de Marcola nos aproximan a lo que puede ser el futuro de la delincuencia común en América Latina.

O Globo: ¿Usted es del PRIMER COMANDO DE LA CAPITAL (PCC)?

Marcola: Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas…

Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.

O Globo: Pero la solución sería…

Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error.

¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios…)

Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.


O Globo: ¿Usted no tiene miedo de morir?

Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.

La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.

¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja…! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.

No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.

Está delante de una especie de post miseria.

La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.


O Globo: ¿Qué cambió en las periferias?

Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas".

Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.

Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

O Globo: ¿Pero, qué debemos hacer?

Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?

No tienen dinero ni para comida de los reclutas. Estoy leyendo "Sobre la guerra", de Clausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?

O Globo: Pero… ¿No habrá una solución?

Marcola: Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: " Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".




jueves, 24 de febrero de 2011

Dodecamerón- Decamerón- Heptamerón- Pentameron….

Dodecamerón

Su título es una referencia al Decamerón, de Bocaccio, texto con el que posee importantes coincidencias. "Cinco hombres y cinco mujeres disfrutan de un viaje de placer en un crucero privado. El buque sufre una avería que los obliga a permanecer incomunicados en alta mar durante algunos días, mientras esperan el arribo del auxilio. Para matar el tiempo, deciden contar cada noche diez historias, con la condición de que al final cada cuentista dejará inconclusa la suya para que continúe el siguiente"

Dodecamerón, constituye una verdadera proeza de erudición y virtuosismo, multiplicando página a página sus referencias a la historia del arte y las ciencias, además de deleitándose en complejos laberintos realidad-ficción que proliferan entre las historias narradas por los personajes.

Las referencias citadas por el autor son los relatos organizados el términos de relatos enmarcados (en inglés se denominan "frame tales"). En general estos dispositivos literarios se organizan con un relato marco que contiene todos los demás, a veces en forma de marcos sucesivos dentro de los marcos, aunque en ocasiones (como en el Decamerón de Boccaccio) todos los relatos contenidos en el relato marco están en el mismo nivel. El relato marco es un cuento con una intriga de baja intensidad que instala al lector en un espacio de empatía con unos personajes que viven una situación similar a la del lector: atienden a unos relatos que alguien más le cuenta. En el caso de los protagonistas del relato marco, los cuentos los hacen los otros personajes

Decamerón

es un libro constituido por cien cuentos, algunos de ellos novelas cortas, terminado por Giovanni Boccaccio en 1351, alrededor de tres temas: el amor, la inteligencia humana y la fortuna.

Para engarzar estas cien historias, Boccaccio estableció un marco de referencia narrativo. La obra comienza con una descripción de la peste bubónica (la epidemia de peste negra que golpeó a Florencia en 1348), lo que da motivo a que un grupo de diez jóvenes, siete mujeres y tres hombres que huyen de la plaga, se refugien en una villa en las afueras de Florencia.

Con el fin de entretenerse, cada miembro del grupo cuenta una historia por cada una de las diez noches que pasan en la villa, lo que da nombre en griego al libro

Además, cada uno de los diez personajes se nombra jefe del grupo cada uno de los diez días alternadamente. Cada día, a excepción del primero y noveno en que los cuentos son de tema libre, uno de los jóvenes es nombrado «rey» y decide el tema sobre el que versarán los cuentos.

Por otra parte, las circunstancias descritas en el Decamerón son susceptibles de una interpretación alegórica influida por la numerología medieval. Por ejemplo, se cree que las siete jóvenes mujeres representan las cuatro Virtudes cardinales y las tres Virtudes teológicas (Prudencia, Justicia, Templanza, y Fortaleza; Fe, Esperanza, y Caridad), y se supone que los tres hombres representan la división tripartita griega tradicional del alma (Razón, Apetito Irascible, y Apetito Concupiscible). El mismo Boccaccio indica que los nombres que dio a estos diez personajes son de hecho seudónimos «elegidos apropiadamente de acuerdo a las cualidades de cada uno». Los nombres italianos de las siete mujeres, en el mismo orden significativo según el texto original son: Pampinea, Fiammetta, Filomena, Emilia, Laureta, Neifile, y Elissa. Los nombres de los varones son: Panfilo, Filostrato, y Dioneo.

Los temas son casi siempre profanos, a tono con la mentalidad burguesa que empezaba a fraguarse en Florencia: la inteligencia humana, la fortuna y el amor. Van desde «historias de mala suerte que inesperadamente cambian hacia felicidad» (el día dos, bajo el liderazgo de Filomena) hasta historias considerablemente más interesantes de «mujeres que juegan engaños con sus maridos» (día siete, bajo el mandato de Dioneo).

El Decamerón describe detalladamente los efectos físicos, psicológicos y sociales que la peste bubónica ejerció en esa parte de Europa. Los argumentos básicos de las historias no son generalmente invención de Boccaccio; de hecho, se basan en fuentes italianas más antiguas, o en algunas ocasiones en fuentes francesas o latinas. Cabe mencionar que algunas de las historias que contiene el Decamerón aparecen más adelante en los Cuentos de Canterbury de Chaucer.

Se puede considerar el Decamerón como precursora del Renacimiento por la concepción profana del hombre, la ausencia de rasgos fantásticos o míticos, y la burla de los ideales medievales, lo que dotan a la obra de un carácter claramente antropocéntrico y humanista.

Los personajes de Boccaccio son seres comunes, defectuosos y desprovistos de cualquier valor noble, caballeresco o cortés, propio de una sociedad feudal; por el contrario, destacan los ladrones, embusteros y adúlteros, y se enaltece su astucia, que les permite salir airosos de las situaciones descritas, a diferencia de la antigua concepción medieval, donde el protagonista o héroe de la historia poseía facultades inherentes a su ser, como la belleza o la fuerza, y asociadas siempre a la nobleza y la divinidad. Finalmente, el fuerte sentido anticlerical de las historias de Boccaccio le aleja de la concepción teocéntrica medieval.

Vemos desfilar, por ejemplo,** a un marido algo enclenque que con dificultades puede pasar la noche de bodas; su mujer se ha de considerar agraciada cuando un pirata de marcada virilidad la rapta.

**Massetto es un hombre joven y robusto que cuida el jardín de un convento; allí, con gran alegría de las monjas y de las abadesas, no insemina solamente la tierra.

**Un mozalbete de un castillo se disfraza de rey y logra meterse en el lecho de la reina y cuando es descubierto puede escapar con ardides astutos que lo salvan del castigo.

**Un joven monje impone a su anfitrión una penitencia, en tanto él aprovecha para hacer disfrutar a la esposa.

**Una campesina se acerca a un prelado, un abad, que la convence de que la diversión erótica ha de contribuir a la salvación de su alma.

**Un marido se niega a cumplimentar sus deberes maritales y la esposa se las ingenia para engañarlo, metiéndose en la cama, haciéndose pasar por una tentadora e irrecusable muchacha.

Todas las historias eróticas de Bocaccio se corresponden con la imagen medieval de la mujer, proclive a caer en las tentaciones de la carne. Se la considera como a una hija de la seductora Eva, muy difícil de saciar. Se repite la idea de que si el marido no satisface a la mujer, ésta se procurará el placer por otros caminos.


Novelas

**Novela primera Cepparello engaña con una falsa confesión a un santo fraile y muere; y, habiendo sido un pésimo hombre en vida, de muerto es reputado por santo y llamado San Chapeleto.

**Novela segunda El judío Abraham, animado por Giannotto de Civigní, va a la corte de Roma; y, vista la maldad de los clérigos, regresa a París y se hace cristiano.

* *.Novela tercera El judío Melquisedec evita, gracias a un cuento de tres anillos, una peligrosa trampa que Saladino le había tendido.**Novela cuarta Un monje, caído en pecado digno de gravísimo castigo, se libra de la pena reconviniendo con discreción a su abad por esa misma culpa.

**Novela quinta La marquesa de Monferrato refrena, con un convite de gallinas e ingeniosas palabras, el loco amor del rey de Francia.

**Novela sexta Un buen hombre confunde, con un ingenioso dicho, la malvada hipocresía de los religiosos.

**Novela séptima Bergamino, con un cuento de Primasso y el abad de Cluny, reprocha con discreción a Can de la Scala un rasgo de extraña avaricia.

**Novela octava Guiglielmo Borsiere fustiga con ingeniosas palabras la avaricia de micer Erminio de los Grimaldi.

**Novela novena El rey de Chipre, fustigado por una dama de Gascuña, pasa de pusilánime a valeroso.

**Novela décima El maestro Alberto de Bolonia avergüenza con discreción a una señora que quería burlarse del amor que por ella sentía.

Otro libro que influye esta obra de Reherman .La Monadología, obra filosófica de Gottlieb Laibniz se transcribe en su totalidad en el "Dodecamerón", en forma de 144 acápites consecutivos de los capítulos de la novela

Esta obra conduce:

1.Al idealismo, porque se niega la realidad en sí y se multiplica a través de sus diferentes puntos de vista. Las mónadas son "espejos indestructibles del universo".

2.A lo que se ha venido llamando "optimismo metafísico", por el principio de razón suficiente, que se desarrolla de la siguiente manera:

Todo es por una razón (según el axioma: de la nada, nada sale);

Todo lo que es tiene más razones para ser que para no ser (que sea es la mejor razón);

Todo lo que es también es mejor que lo que no es (por el punto "a": al ser más racional, contiene más ser), y, por consiguiente, es lo mejor posible (en base al axioma: lo que contiene más ser es mejor que lo que contiene menos ser).

De ahí la tesis del mejor de los mundos, esto es, aquel "dotado de mayor variedad de fenómenos en base al menor número de principios".

3.A la justificación del libre albedrío, por la armonía preestablecida. Ésta refuta el fatalismo de las causas eficientes o geométricas (Spinoza), distinguiendo entre predeterminación -ya que nada de lo que deviene es indiferente, pues cuenta con una razón para ser antes que no ser- y necesidad -dado que todo lo que es pudo haber sido de otro modo en la infinidad de mundos posibles, con lo que no es necesario en el sentido de ser su opuesto contradictorio.

4.A un emergentismo inverso. La extensión y las demás propiedades materiales vendrían a ser fenómenos no reducibles a su sustrato ontológico. De lo simple a lo complejo, y no de lo complejo (la materia, el movimiento)

El Heptamerón de Margarita de Navarra también es una referencia de Rehermann. Uno de los relatos del "Dodecamerón" es una reformulación de uno de los cuentos de Margarita.

El Heptamerón:

Érase una vez una reina de Francia a quien le gustaban mucho los cuentos. Como dominaba el

italiano, leyó y releyó el Decamerón de Bocaccio (1313-1375), escrito dos siglos antes; y como

admiraba tanto al escritor florentino, lo hizo traducir al francés para que todos le conocieran en la

corte. Esta reina se llamaba Margarita de Navarra, Su marido fue Enrique IV, rey de Francia y de Navarra, invadida

en esos tiempos. Este rey repudió a Margarita para hacer un nuevo matrimonio, de mayor

conveniencia política.

Su afán por escuchar y leer cuentos evolucionó en algún momento al

interés por escribirlos. Y es así como se propuso redactar su propio Decamerón, un proyecto que

contemplaba la escritura de diez relatos contados por diez personas durante diez días.

La reina escritora se lanzó a la tarea, poniendo allí todo lo que sabía acerca del comportamiento

del mundillo cortesano en materias políticas, religiosas, sexuales y morales. No alcanzó a escribir

los cien relatos de rigor sino que llegó sólo a 72, el último de los cuales se titula: “Continuo

arrepentimiento de una religiosa por haber perdido su virginidad de la manera más tonta”.

Aparece la propia reina Margarita como personaje, recomendando a una monja, seducida

maliciosamente por un cura mientras amortajaban un cadáver, que no fuera a ver al Papa a Roma,

porque éste, por muy representante de Dios que fuera, no le iba a poder devolver su virginidad. Es

su actitud propia: coraje para arrancar las caretas en cruda denuncia de una sociedad corrupta,

abobada por la religión. Aunque también audacia para relatar asuntos de su vida privada.

El libro tuvo diversas vicisitudes tras la muerte de la reina en 1549, con ediciones espurias y

censuradas, buscando ocultar la posible identificación de personajes y eliminando lo que se podía

considerar escabroso. Con el resultado, según algunos estudiosos, que quedaran aún peor.

Finalmente el libro fue publicado en 1559

Se ha mencionado que algunos cuentos no son originales, pero sabemos que se trataba de un

práctica común por aquellos tiempos. Sin embargo, en la mayor parte de los casos Margarita se

basó en sus vivencias. Todo ello obnubilado por un velo soportable para la época, naturalmente,

con frecuentes interpolaciones de comentarios edificantes para no ofender demasiado a las

jerarquías. Sin embargo, nos queda un testimonio precioso acerca de la forma en que se

conversaba e intrigaba en las cortes europeas del siglo XVI. En palabras de la reina: “... la

hipocresía, sea hacia Dios, sea hacia los hombres o la naturaleza, es la causa de todos los males

que tenemos”.

La corte de la reina Margarita destacó como un brillante foco de cultura, protegiendo a destacados

intelectuales de la persecución religiosa. Navarre shall be the wonder of the world (“Navarra será

la admiración del mundo”) escribió Shakespeare por la época. Como dato curioso, cabe destacar

que El Heptamerón fue traducido al inglés por Arthur Machen (maestro del relato de horror) en

1886, un trabajo de encargo. La traducción del francés al español que consulto apareció en la

“Colección de Autores Regocijados”, M. Aguilar Editor, Madrid, circa 1923. La vida de

Margarita de Navarra inspiró la célebre novela La Reina Margot (1845), de Alexandre Dumas.

Margarita de Navarra fue una de las más destacadas renovadoras del relato corto durante el

Renacimiento,

algunos de los mejores cuentos del Heptamerón, de títulos tan

hilarantes como: “Astucia de una mujer que hizo escapar a su amante en el momento en que su

marido, que era tuerto, pensaba sorprenderlos”

, “Sutil medio de que se valió ungran príncipe para disfrutar de la mujer de un abogado de París” y

“Abominación de un sacerdote que preñó a su hermana, y del castigo que le dieron” .

“Párrafos jocosos con que un padre franciscano componía sus sermones”.

“La incontinencia furiosa de una duquesa fue la causa de su muerte y la de de dos

perfectos amantes”.

http://www.youtube.com/watch?v=zdNcWoehH6Q

El último escritor politizado Carlos Rehermann dixit…

Mario Vargas LlosaPaís:

Perú

Nacimiento: Arequipa, 28 de Marzo de 1936

Escritor y dramaturgo peruano, Mario Vargas Llosa es uno de los grandes autores contemporáneos en lengua española y uno de los más reconocidos autores de los últimos treinta años. Ganador de premios como el Cervantes o el Nobel de Literatura, Vargas Llosa también ha destacado como ensayista y autor de piezas teatrales.

Nacido en una familia de clase media, Vargas Llosa pasó varios años de su infancia en Bolivia debido al divorcio de sus padres antes de volver a Perú, donde estudiaría en varios centros, tanto religiosos como militares.

Durante esta época comenzó a escribir, pese al rechazo de su padre a su carrera literaria, y colaboró con diarios mientras terminaba su primera pieza teatral, La huida del Inca. Poco después cursó estudios de derecho en San Marcos, donde también tuvo sus primeros contactos con el mundo de la política.

A partir de 1957 podríamos decir que Vargas Llosa comienza su primera etapa literaria, publicando cuentos y relatos mientras trabajaba como reportero. En 1959 acudió a Madrid con una beca y en 1960 se instaló en París.

En 1963 apareció la que sería su primera gran novela, La ciudad y los perros, de gran calado autobiográfico y que le significó el Premio de la Crítica Española y el Biblioteca Breve. Tras este espaldarazo, que le supuso pasar a la primera plana literaria, Vargas Llosa publicó La casa verde, libro que consiguió el aplauso unánime de la crítica.

Desde ese momento su producción aumenta y publica obras como Conversación en la catedral (1969) o Pantaleón y las visitadoras (1977). Ya en los años 80 habría que destacar una de sus novelas más conocidas, La guerra del fin del mundo, que iniciaría una nueva etapa en su estilo y que significaría su primera obra histórica.


Durante los años 80 y 90 del siglo XX, Vargas Llosa dejó a un lado su carrera literaria para abrazar el activismo político, basado en unas posiciones abiertamente liberales, y llegando a presentarse como candidato a presidente del Perú enfrentándose a Alberto Fujimori, quien acabó ganando las elecciones.

Pese a esa derrota, Vargas Llosa no ha renunciado a su faceta de observador de la sociedad y la política a través de su actividad periodística, ni ha dejado de escribir novelas de tema político, como 'La fiesta del chivo'. Su doctrina es clara: defensa del individuo sobre el colectivo, liberalismo económico, defensa estética de la tradición racionalista de Occidente...

Esa postura le ha creado muchos detractores a Vargas Llosa y, de hecho, lo alejó durante años de los favoritos al Nobel. Nadie, sin embargo, ha dejado de valorar la literatura del escritor peruano. Sus bazas: el oído para los sonidos del lenguaje oral, la capacidad para crear tramas complejas sin que sus obras se banalizaran, la creación de un espacio y un paisaje muy personales....

El último escritor politizado

Cuando los intelectuales eran de izquierda, seguían la moda francesa que habían iniciado Hugo, Proust, Zola, France y hasta Dumas: como eran escritores, tenían derecho a decir verdades, y allá iban. No hubo desacomodo parisino que no mereciera la diatriba enfebrecida de un escritor de folletines (de paso, El cementerio de Praga, la más reciente novela de Umberto Eco, pinta bien ese mundo fraudulento de fines del siglo XIX). Pionero, Neruda se fue de Chile en los treinta para arengar a obreros franceses, al borde del Sena, y después, en los sesenta, no hubo capitoste letrado que no diera su opinión acerca de lo que convenía a los desgraciados de este continente. Había, parece, cierto convencimiento acerca de que si un individuo puede producir una frase con sus partes más o menos bien organizadas, puede producir una idea más o menos verdadera.

Así uno se comió la papa de las venas abiertas de América Latina y cantidades insufribles de metáforas acerca de dictadores malvados, y los intelectuales que producían esos bochornos con carné se refugiaban en el Caribe, o en España, o en Francia, y con frecuencia aceptaban, llorosos y sufrientes, alguna beca, ayudas para las traducciones y otros favores para compensar los horrores del exilio, mientras, al mismo tiempo, los lectores se quedaban en el terruño agorilado sufriendo las penurias de la bestialidad gubernativa, la censura y el peligro de terminar en la cárcel por posesión de un bodrio de Benedetti.

Pasado el tiempo, los escritores de antaño se reciclaron en fabricantes de haikus o comentaristas de fútbol y de abrazos, y casi no quedó ninguno que se pusiera a defender no sé qué verdades antes evidentes. Los lectores nos quedamos con una especie de nudo en la garganta, y comprobamos que la principal tarea de los sufridos intelectuales de izquierda había sido juntar la mayor cantidad posible de mangos, con agentes literarios mayormente españoles y argentinos.

De aquellos tiempos politizados apenas dos zafaron incólumes: Rulfo y Onetti, y quizá los más viejos, que no llegaron a subirse a la tabla de surf del boom; Arguedas y Asturias, por nombrar un par; o Borges o Lezama, por ilegibles en aquellos años. En fin, los pocos que no dictaban cátedra, sino que escribían (aunque Rulfo era flor de haragán, no se puede negar: no escribió más de doscientas páginas en toda su vida). Algunos otros desaparecieron más o menos velozmente, y uno solo mantiene su actitud aguerrida y extenuantemente politizada: Mario Vargas Llosa.

Ganó un premio Nobel, hecho que lo coloca en la misma categoría que la sufrida Gabriela Mistral, el victorioso Winston Churchill y el misterioso Bjørnstjerne Martinus Bjørnsonv, la lectura de cuyo nombre es ya toda una asignatura. Vargas escribió algunas buenas novelas, y no es peor ni mejor que el resto de la tropa de Carmen Balcells. Probablemente sea de los premiados que van a ser recordados más tiempo, no como la mayoría, que desaparece del paisaje en pocos años.

Lo mejor de Vargas Llosa no es lo que escribe, mayormente insulso y daguerrotípico -por los clisés, el tono sepia y la vetustez-, sino su combatividad política, y su renuncia a cambiar de actitud después de la caída del socialismo real; lo que hizo fue nada más que cambiar de bando, pero eso no es señal de traición, sino más bien al contrario: mucho peores son los falsarios, los fingidores profesionales que se hicieron pasar por revolucionarios cuando no eran más que mercachifles oportunistas, para peor millonarios que se disfrazan de proletarios. Este peruano no: a él le gusta comer en la Tour d’Argent, disfrazarse de lord, caminar por el crescent de Londres, donde tiene su mansión, dar conferencias para banqueros y tratar de brutos a los brutos.


Justamente a dar una conferencia a no sé qué ricachones vino las semanas pasadas a Punta del Este, y no se le ocurrió invitar a algunos escritores, sino más bien a algunos ex presidentes, que es lo que casi fue él, salvo que el ex vino antes que nada, porque nunca lo eligieron. Es que, ¿a qué escritores iba a invitar? En Uruguay no hay escritores. Uruguay ha desaparecido del planeta literario no sólo mundial, si alguna vez estuvo, sino regional. No existimos, gracias, entre otros, a los ex presidentes que fueron a almorzar con Vargas Llosa, pero también a este presidente tan elogiado por el Nobel, Mujica. Para ningún presidente existe otra cosa que una vaca, dos vacas, tres vacas, o gauchos, da igual. Hasta treinta y tres. ¡A ver si por lo menos armamos una logia de vacas, o de gauchos!

Así que se juntaron en torno a una mesa Julio Sanguinetti, que tiene lugar dentro de su boca para hacer rebotar nombres de antaño y darles sonoridad (a veces con cierto exceso de reverberación, pero el ditirambismo tiene eso, qué se le va a hacer); Luis Lacalle, que es un tipo leído (al parecer leyó algunos capítulos de la Biblia y las obras completas de Luis Alberto de Herrera, lo que es decir); y Jorge Batlle, que leyó a Adam Smith en varios idiomas (es recordado su sucinto resumen de las ideas del escocés, ante el requerimiento de la prensa: “¡Güi ar fantastic!”).

Antes del episodio, Vargas concurrió a una librería cheta de la Ciudad Vieja de Montevideo, donde, según aseguró uno de sus dueños, se pudo comprobar que el Nobel no se le subió a la cabeza (en general, efectivamente, los galardonados dejan el premio en su banco). El novelista compró una primera edición de la horrible traducción fingida por Borges (que en aquellos años no sabía una palabra de alemán) de La metamorfosis, de Franz Kafka, publicada por Losada, además de otros libros guau, que -dice uno de los cronistas que lo cubrió, entre maravillado y reverente- Vargas pagó (se sabe que las celebrities sienten repulsión por ese acto pedestre) con tarjeta de crédito.


En Punta del Este, el peruano elogió, en emisiones sucesivas de voz, al presidente Mujica, a los ex presidentes Sanguinetti, Lacalle y Batlle (no podía creer que no se pelearan, “¡qué maravilloso ejemplo es la democracia uruguaya!”), a la carne uruguaya y a Onetti, a quien dijo admirar, lo cual no puede menos que llenar de estupor a los lectores de ambos, ya que el libro que le dedicó al uruguayo deja bastante claro que no entendió nada.

Después de dormir la siesta o cosas peores, fue a una chacra donde -explica una de las crónicas de la visita- hay esculturas hechas de mármol y otros materiales y escultores hechos de proteína animal y formaciones internas de calcio y otros minerales, o sea, artistas. Lo acompañó Sanguinetti, a quien le da por el arte y además (dijo Vargas) trabajó en el escritorio de al lado de Onetti, así que ¡tiene de anécdotas...! Lo cual, permítaseme, demuestra un montón de cosas que no vienen al caso, pero piense el lector, ya que está, de qué sirve trabajar al lado de un genio. Se apersonaron algunos artistas y Sanguinetti explicó que ése de ahí es el autor de aquel cuadro que estaba arriba del sofá de la casa de Fulanito. O sea, Sanguinetti lo llevó hasta al escusado al tipo. “Ah, mire usté”, dijo Vargas, y le dio la mano al señalado artista. Después se interesó por los pliegues de unos mármoles, los cuales -dice la cronista- ponderó. Uno se pregunta si llevaba una balanza o qué. Más tarde se maravilló de que escolares y liceales entraran gratis a la chacra y jugaran a la escondida entre las esculturas. “Qué maravillosa idea haber venido”, aseguró el escritor, esta vez sin llorar, no como en el discurso del Nobel, cuando largó el moco al hablar de su familia.

Entonces apareció un mozo con unas copas de champán, las repartió y al final le dio una al peruano y se quedó él con una, y dijo “salú”, a lo cual el Premio Nobel respondió: “Salud, caballero”. Es que el Nobel no se le subió a la cabeza. A la periodista le dijo que está escribiendo un ensayo que se va a titular “La civilización del espectáculo”. No debe de tener nada que ver con La sociedad del espectáculo, que escribió Guy Débord hace cuarenta años, o de pronto sí, pero total no hay peligro de que un lector de Vargas haya leído a Débord. La crónica se fue poniendo melancólica y estética, y ya cuando se ponía el sol, el escritor, abrumado por la belleza del atardecer puntaesteño, exclamó: “¡Qué colores!”.
Toda una declaración.!!!

Carlos Rehermann

Münchhausen

Síndrome de Munchausen

El síndrome de Münchausen es un trastorno psiquiátrico, que se caracteriza por inventar y fingir dolencias (o incluso provocárselas a sí mismo, mediante la ingesta de medicamentos o mediante autolesiones) para llamar la atención de los médicos, y ser tratado como un enfermo.

En 1951, los Dr Richard Asher usaron el término “síndrome de Munchausen” para describir a adultos que se inventaron enfermedades para conseguir la atención médica, para adoptar el papel de enfermedad y recibir los procedimientos médicos totalmente innecesarios así como los tratamientos, pero sobre todo recibir la constante atención del personal médico y la fama y celebridad de padecer una enfermedad “rara” o desconocida.

En más de 95% de casos del Síndrome de Munchausen, la madre es quien ocasiona las enfermedades

También se lo conoce en el mundo de la medicina pediátrica bajo el nombre de Síndrome de Munchausen por poder en alusión.

Es casi más conocido el síndrome de Münchhausen por poderes, por el cual un adulto provoca o hace fingir las enfermedades sobre un niño que está bajo su control, frecuentemente hijos o sobrinos.

El síndrome de Münchausen debe diferenciarse de otras afecciones como la hipocondría, otros trastornos somatomorfos, o la simple simulación para obtener un beneficio de la enfermedad (se diferencia del síndrome del Munchausen en que el único beneficio que obtienen los afectados por el síndrome de Munchausen es el derivado de estar enfermos, mientras que el simulador busca beneficios económicos, eludir la cárcel o, una vez que estas dentro de ella , no salir a realizar las tareas encomendadas etc).

Es una forma de maltrato infantil en la que uno de los padres induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad o situaciones accidentales.

Este trastorno casi siempre involucra a una madre que abusa de su niño buscándole, o para ella misma, atención médica. Se trata de un síndrome raro, poco comprendido cuya causa es desconocida. La madre puede simular síntomas de enfermedad en su niño añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrando sustancias para inducir vómitos o diarrea.

En el hospital, la madre es muy colaboradora y apreciada por el personal de enfermeras por el cuidado que le da al niño. Comúnmente se la ve como devota y de una abnegación poco común, lo que hace poco probable que el personal médico sospeche el diagnóstico real. Sus visitas frecuentes también le dan fácil acceso para poder inducir más síntomas. Los cambios en el examen físico o signos vitales nunca son presenciados por el personal del hospital, pero casi siempre ocurren en presencia de la madre.

A estas madres les gusta el prestigio social de una enfermedad misteriosa; les gusta la proximidad a los profesionales médicos poderosos; les gusta la atención y el drama, la prisa de la adrenalina de la Sala de Urgencias. Además de eso, algunos parecían obtener satisfacción por aterrorizar a sus niños.


Barón de Münchhausen

Barón de Münchhausen.Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen (Bodenwerder, 11 de mayo de 1720 – íd., 22 de febrero de 1797) fue un barón alemán que en su juventud sirvió de paje a Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Lüneburg y más tarde se unió al ejército ruso. Sirvió en él hasta 1750, tomando parte en dos campañas militares contra los turcos. Al volver a casa, Münchhausen supuestamente narró varias historias increíbles sobre sus aventuras.

Münchhausen sirvió de paje a las órdenes de Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Lüneburg, con quien se trasladó a Rusia, donde fue nombrado corneta de la caballería rusa cuando Antonio Ulrico se convirtió en generalísimo en 1739. En 1740, sería ascendido a teniente. Destinado en Riga, participaría en dos campañas contra el Imperio otomano en 1740 y 1741. Cuando Antonio Ulrico fue encarcelado en 1741, Münchhausen permaneció al servicio del ejército ruso, y fue nombrado capitán de caballería en 1750.

En 1744 contrajo matrimonio con Jacobine von Dunten en Perniel, cerca de Duntes Muiža, en Livonia. Después de retirarse, vivió con su esposa en Bodenwerder hasta la muerte de ésta en 1790. Allí adquirió una curiosa reputación por las exageradas historias que contaba sobre las aventuras que había vivido en sus campañas militares, pero fue considerado al mismo tiempo un honesto hombre de negocios. Münchhausen volvió a casarse en 1794, terminando este matrimonio en un ruinoso y discutido divorcio. Murió sin descendencia en 1797.

Las historias sobre Münchhausen fueron recopiladas y publicadas por primera vez por un autor anónimo en 1781. Una versión inglesa fue publicada en Londres en 1785 por Rudolf Erich Raspe bajo el título Narración de los Maravillosos Viajes y Campañas del Barón Münchhausen en Rusia Es de destacar que estos libros dañaron la reputación del auténtico barón, que por otra parte no era mucho más exagerado que otros militares de carrera, y al que le afectó profundamente su inesperada fama como mentiroso oficial.
En 1786 Gottfried August Bürger tradujo las historias de vuelta al alemán y las amplió con nuevas aportaciones del folclore popular. Las publicó bajo el título Viajes maravillosos por mar y tierra: Campañas y aventuras cómicas del barón de Münchhausen . Esta versión, de un tono profundamente satírico, es la más conocida por los lectores alemanes en la actualidad.

El personaje literario creado por Raspe y basado en el auténtico barón de Münchhausen se caracteriza por las hazañas extraordinarias y extravagantes de las que fue protagonista, como montarse en balas de cañón, viajar a la Luna (donde los selenitas pueden separarse de su cabeza) o al infierno con Vulcano, bailar en el estómago de una ballena, matar a un oso y cubrirse con su piel para pasar desapercibido entre otros osos, cabalgar sobre un caballo cortado por la mitad (cuando bebía agua, ésta le salía por la parte de atrás al mismo tiempo), sacarse a sí mismo de una ciénaga tirando de su coleta, llegar a un pueblo completamente enterrado por la nieve —de tal manera que al día siguiente, cuando la nieve se despeja, y el pueblo aparece a los ojos de todos, se da cuenta de que ha atado su caballo a la aguja más alta del campanario, y que por tanto éste se halla colgando del mismo— o conseguir encender la mecha de un fusil gracias a su nariz (esto le permitió, entre otras cosas, viajar agarrado a una cuerda que se encontraba conectada a una bandada de patos, los cuales le llevaron en un gran trecho de su extraordinario periplo).

Quizás las aventuras más famosas del barón se refieran al reclutamiento de su peculiar ejército: un hombre de extraordinario oído (Gustavus), un forzudo (Albrecht), una persona que corría tan rápido que necesitaba grilletes para caminar con normalidad (Berthold) y un individuo de aguda vista (Adolphus). Ellos son quizás los protagonistas de la más curiosa aventura del barón, que tuvo lugar tras su entrevista con el sultán justo después de una batalla que los turcos ganaron gracias a Münchhausen (y a su habilidad para cabalgar sobre una bala de cañón, de ida y de vuelta).

El sultán ofreció al barón un exquisito vino de Tokaji, que el barón supo apreciar, aunque declaró que allá en las bodegas del emperador de Viena existía un Tokaji de una calidad aún superior. El sultán no se tomó a bien esta afirmación, y obligó al barón a realizar una apuesta: debería traer dicho vino en una sola hora al palacio del sultán y, si éste era en realidad mejor que el del turco, podría llevarse de su palacio todas las riquezas que pudiera. Pero si era de calidad inferior, le cortaría la cabeza. El Barón manda entonces a Berthold en busca del vino, pero ante su tardanza, Gustavus detecta por su oído que éste se ha quedado dormido bajo un manzano a unas cuantas leguas de allí, con lo cual, para solucionarlo, Adolphus dispara para hacer caer una manzana del árbol que despierte así a Berthold, quien llegará finalmente al palacio justo antes de que el barón pierda su apreciada cabeza.

El sultán tiene que reconocer que el vino del barón es claramente mejor, así que el barón cumple con lo prometido: se lleva todas las riquezas del sultán que puede. Contando con un forzudo como Albrecht, esto supone la totalidad de las mismas, lo que acarrea una persecución implacable por parte del sultán, que no permite que salgan vivos de ésta. Sin embargo, el ingenio y las extraordinarias habilidades de Münchhausen y sus hombres se imponen, y acabará por salir victorioso una vez más.





En el siglo XIX la historia había sufrido ampliaciones y transformaciones a manos de muchos escritores conocidos y se había traducido a muchos idiomas, contando con un total de unas 100 ediciones diferentes. Las aventuras del barón de Münchhausen también se habían publicado en Rusia, donde eran bastante conocidas, especialmente las versiones infantiles

En 1998 la editorial británica Hogshead Publishing lanzó al mercado un juego de rol multijugador y narrativo creado por James Wallis y titulado The Extraordinary Adventures of Baron Munchausen. En él los jugadores han de adoptar el papel de un grupo de aristócratas del siglo XVIII en el que, por turnos, se desafía a cada jugador a relatar, sin poder detenerse, una historia improvisada a partir de una línea inicial dada por otro jugador. Los participantes pueden interponerse, introduciendo cierto número de dificultades a la historia en cualquier momento, y finalmente todos ellos jugarán a descubrir las incoherencias internas del relato y votar a quien haya sido sido el mejor mentiroso.

Hay un club de Nietos de Münchhausen en Kaliningrado (antigua Königsberg). Con la ayuda de la ciudad hermana de Bodenwerder (Alemania), lugar de nacimiento del barón, el club ha acumulado cierto número de «pruebas históricas» de la presencia del barón en Königsberg: un antiguo tálero de plata «devuelto» a Kaliningrado por el alcalde de Bodenwerder como deuda por una jarra de cerveza bebida por Münchhausen, la Orden de Santa Ana concedida por Pablo I de Rusia al barón por su «intachable servicio» y el esqueleto de una ballena en cuya tripa el barón estuvo atrapado una temporada.

El 18 de junio de 2005 se celebró la gran inauguración de un monumento dedicado al barón, que fue regalado a Kaliningrado por Bodenwerder, y que representa a Münchhausen montando sobre la bala de cañón. También hay un monumento a él dedicado en su ciudad de nacimiento.

Cinematografía

La primera adaptación cinematográfica de la vida del barón fue un cortometraje dirigido por George Méliès en 1911.

En 1943 el libro de Raspe fue adaptado en una película alemana, Münchhausen, dirigida por Josef von Baky y escrita por Erich Kästner, con Hans Albers en el papel protagonista y Brigitte Horney como la emperatriz Catalina la Grande. Éste fue el cuarto largometraje alemán rodado en color, profusamente rodado con efectos asombrosos para la época en los estudios UFA

En 1961 se realizó otra adaptación checa.

En 1979 Mark Zakharov rodó la película rusa, Tot samyy Mungauzen, sobre la historia de la vida del barón tras aventuras relatadas en el libro, particularmente sus esfuerzos para demostrar que estaba cuerdo.

La adaptación más conocida fue dirigida en 1988 por Terry Gilliam, ex miembro de los Monty Python, y titulada Las aventuras del barón Munchausen (The Adventures of Baron Munchausen), rodada en Belchite (España), con John Neville en el papel del barón y la participación, entre otros, de Robin Williams,

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